Politica

¿Y el boschismo?

Para llegar al poder en 1996 el boschismo necesitó del reformismo; requirió unir el intenso antihaitianismo que latía en un Balaguer agotado a las ansias de gobernar del boschismo, cuyo predicamento de pulcritud se debatía en la política nacional.

Y antes de la segunda vuelta del torneo electoral de ese año, Peña Gómez fue la víctima [el “camino malo”] de una yunta de políticos nonagenarios cuyas vidas útiles llegaban al final y dependían del triunfo para cerrar sus protagonismos históricos.

Balaguer y Bosch sabían que el 47% obtenido por Peña Gómez en la primera vuelta lo condenaba a la derrota por el estancamiento de su crecimiento y sellaron su unión en un Frente Patriótico para sumar el 14.9% del reformismo al 38% del PLD, y así posibilitar la presidencia a Leonel Fernández.

 

Con su retórica de monje apasionado, Balaguer anunció que su apoyo al PLD era desinteresado y lo hacía “por la satisfacción de poder seguir siendo dominicano en tierra dominicana”; una clara alusión al alegado origen haitiano de Peña Gómez.

Pero Balaguer sabía que la victimización a que era sometido el líder del Acuerdo de Santo Domingo estaba más allá de la xenofobia y aterrizaba en el atrevimiento de desafiar un statu quo agonizante. Aquella derrota de Peña Gómez agravó la enfermedad que padecía desde 1994 y la que, finalmente, lo llevó a la tumba en 1998.

Para Balaguer, 1996 fue el final de la extensa influencia que había ejercido en el país desde su inscripción en el Partido Dominicano de Trujillo a comienzos de los años treinta.

El estaba consciente de que más allá de su figura, de su palabra y su hacer, el Partido Reformista [su amada parcela política] carecía de un liderazgo prometedor que le sucediera.

Para Bosch era todo lo contrario: su partido se apoyaba en una ideología nueva, autóctona, creada por él e inyectada a una figura nueva como Leonel Fernández, un joven cargado de atractivos conceptos; un brillante abogado, catedrático y poseedor de un verbo amplio y postmoderno.

Entre la membrecía peledeísta, Leonel Fernández encarnaba lo idealizado por Bosch y por eso fue el elegido para guiar a la tribu peledeísta hacia el poder cuando el Alzheimer bloqueó la función cognitiva del preceptor.

Pero, ¿implementó Leonel Fernández la esencia reivindicativa del boschismo en esos cuatro primeros años de su presidencia, transcurridos entre 1996-2000? ¿Introdujo acaso la teoría de Estado que Bosch, apoyándose en Hegel, incrustó en su doctrina, basada en que “la realización del hombre sólo puede conseguirse en una sociedad organizada políticamente […] y no conforme a un hipotético ‘estado de naturaleza’, como lo postuló originariamente el liberalismo”? 

En esos cuatro años, es preciso reconocerlo, Leonel Fernández introdujo sustanciales cambios en la administración pública que contribuyeron a crear el prestigio que lo devolvió a la presidencia en el 2004, cuando el PRD, con Hipólito Mejía gobernando, echó por el suelo la lucha de Peña Gómez de desterrar para siempre el cáncer de la reelección.

efraimcastillo@gmail.com

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